Tuesday, February 23, 2010

Imágenes del otro: zonas de contacto y relaciones de poder




Cuando se captura una imagen se hace con la intención de congelar ese instante, de impedir su desaparición absoluta en el laberinto de la memoria. La fotografía se ha convertido en una extensión de nuestra memoria, en un vehículo por el cual revivimos a conocidos que ya perecieron o reanimamos a los que aún viven. Al apretar el botón de nuestras cámaras capturamos algo más que la existencia corporal del sujeto/objeto fotografiado, capturamos una idea (o varias); la fotografía es la materialización de nuestra imaginación, de cómo imaginamos que vivimos y que otros viven.

En su artículo "Representación inapropiada y género fotográfico: la tragedia de una confusión", Luis F. Avilés propone que el reciente debate en torno a las imágenes tomadas por doctores puertorriqueños en Haití fue el fruto de una confusión de géneros fotográficos. Avilés establece que las imágenes de los doctores representaban dos géneros fotográficos: el género turístico y el género de tipo periodístico. En el primero de éstos "el que posa lo hace para que quede un testimonio de su presencia en determinado lugar". Mientras que en el último la finalidad es "representar el dolor humano en una región para así despertar en los espectadores de las mismas la urgencia de ayuda, la compasión o la documentación de una situación particular".

Concurro con que en el género turístico cuando uno se fotografía o fotografía a otros (sujetos, objetos o locales) la meta conciente, en muchas instancias, es transferir la materialidad de lo fotografiado (y lo que significa para el fotógrafo) al papel o la acumulación de píxels. De esta manera, el turista fotógrafo y sujeto fotografiado podrán crear relatos de su experiencia de viaje como en el álbum (en papel o digital). Mas, en el género turístico hay algo más complejo que solo marcar la presencia en 'x' o 'y' lugar. En este sentido la definición de esta categoría teórica que sugiere Avilés es muy llana y aplana toda una complejidad discursiva, extirpa la posibilidad de hablar sobre relaciones de poder. El sujeto fotografiado busca establecer una relación directa, un diálogo y una identificación con el espacio que habita. Además, que quien toma la fotografía construye su propia identificación (conciente e inconcientemente).

Toda imagen se encuentra poblada de una variedad de tropos que en conjunto conforman discursos, visiones de mundo que bien pueden ser propuestas conciente o inconcientemente por el fotógrafo o su espectador. Las fotografías tomadas en Haití no son la excepción, sean o no parte del género turístico al que Avilés las circunscribe, y contienen elementos que permiten la construcción de estos discursos porque son producidas en lo que Mary Louise Pratt llama zonas de contacto. Éstas son espacios sociales en los cuales culturas dispares se encuentran, chocan y forcejean entre sí, generalmente en relaciones asimétricas de dominación y subordinación como el colonialismo, la esclavitud o las secuelas de éstas que se viven hoy día alrededor del mundo (1).

Producto de estas zonas de contacto, las fotografías de Haití resultan problemáticas, entre otras cosas, por la forma en que los sujetos y los espacios fotografiados son representados. El fotógrafo coloca a sus sujetos en posiciones de poder, más allá de la relación doctor-paciente, que denotan la irrespetuosidad hacia el otro. Un buen ejemplo lo es la imagen en que uno de los doctores mira hacia la cámara con serrucho en mano antes o después de amputar a su paciente. Cuando se le preguntó a los doctores sobre esta fotografía, uno de ellos comentó que querían mostrarle a sus estudiantes/colegas cuáles eran sus herramientas de trabajo. La lectura que le doy a esto es la siguiente: una representación respetuosa sobre las condiciones de trabajo de los doctores haitianos y los doctores realizando la labor humanitaria se hubiera centrado en las herramientas de trabajo. Mas, en esta imagen se incluye al sujeto (el doctor) quien ha detenido su trabajo para subrayar la diferencia entre nosotros y ellos, entre la cultura médica 'puertorriqueña' y la cultura médica 'haitiana'. Estas diferencias culturales se pueden identificar en lo que parece una leve sonrisa del doctor al mostrar el 'primitivo' instrumento (metáfora de lo haitiano) con el que tienen que operar. Se podría incluso armar una discursividad sobre la carencia de 'modernidad' en Haití o su 'retraso'. Me parece entonces que hay una reproducción de las jerarquías del saber que debemos cuestionarnos, unas nociones de progreso que contradicen e impiden la labor humanitaria que se pretende llevar.

Por otro lado, coincido con Avilés en la falta de sensibilidad hacia el cuerpo maltrecho del otro. Fotografiarse con parte del cuerpo amputado de otra persona denota un serio conflicto ético por la forma en que el doctor asume la posición convencional de cualquier fotografía turística: el cuerpo de una persona no es lo mismo que la botella de vino que beben algunos en una viñera que visitan. No obstante, estos doctores igualaron estos sujetos/objetos y lo que resulta problemático es la manera en que cosifican (hacen cosa) a la otra persona.

Este evento/debate nos podría llevar a reflexionar sobre la jerarquía de saberes en nuestra sociedad y la forma en que construimos/reproducimos esta jerarquía. Nos ayuda, además, a cuestionarnos cómo debemos relacionarnos con otros y cuáles deben ser las bases éticas sobre las cuales esta relación se debe llevar a cabo. Asimismo, el debate abre la posibilidad para considerar las complejidades del acto de fotografiar y la responsabilidad ética que tiene capturar imágenes en un espacio de devastación. El sufrimiento del otro debe ser otra cosa que mera mercancía de consumo, debe ser la oportunidad para escuchar e intentar entender, a pesar de todas las limitaciones que esto tenga, para romper con las relaciones de poder que nos separan.

Fuentes:
(1) Pratt, Mary Louise. “Introduction: Criticism in the Contact Zone”. Imperial Eyes: Travel Writing and Transculturation. New York: Routledge, 1992. 1-11.

4 comments:

  1. Muchas gracias por tu comentario a mi escrito aparecido en Los Archivos del Mandril (http://archivosdelmandril.blogspot.com/). Quisiera responder a algunos de los puntos que formulas en tu comentario y aprovechar para aclarar algunas de mis ideas. Escribí mi comentario sabiendo que era una pespectiva particular. Pero en lo que escribí no quería cancelar ningún otro acercamiento ni pretendía, al aludir al género turístico, eliminar la posibilidad de pensar en los juegos de poder que ocurrieron en este lamentable incidente. En esto estamos de acuerdo.

    Me interesaba comentar en lo que, siguiendo tu comentario, son las formas inconscientes de utilizar la tecnología fotográfica. Con esta tecnología me refiero a la capacidad de sectores amplios de la población de poseer cámaras y programas computarizados de revelado en sus propias casas. Debo recordar que las cámaras eran objetos muy caros no hace mucho tiempo (digamos unas 5 o 6 décadas atrás). No mucha gente tenía cámaras. Al menos no era un fenómeno masivo, como lo es ahora, cuando todo el que tiene un teléfono celular carga con una cámara integrada en el mismo.

    En este sentido, mi intervención enfatizaba una subjetividad contemporánea manifestada a través de la simbiosis entre el cuerpo y la tecnología. Pensaba en los cambios que significó la imprenta, el reloj, la máquina de escribir, la computadora y los efectos en la constitución misma de subjetividades ligadas a estos inventos. Lo que postulo es que los doctores, al viajar con sus cámaras, de manera inconsciente (asumiendo la postura del turista), utilizaron ese instrumento de una manera que chocaba con el contexto. Tomaron cientos de fotos, lo cual ya indica este aspecto turístico del “disparar” fotos a diestra y siniestra. No creo que eso sea maldad o signifique una voluntad consciente de construir al otro como inferior, aunque sí estoy de acuerdo en que los objetifica y reduce la zona de respeto que se debe mantener frente al paciente (esto lo dije en mi comentario). Mi punto es que les falta la competencia para darse cuenta de los usos del lenguaje fotográfico y la simbiosis entre subjetividad y fotografía. Para mí, la posesión de las cámaras fotográficas revela en muchas ocasiones (y esto le ocurre a veces a los profesionales) zonas inquietantes de la subjetividad: por ejemplo, a través del acercamiento y relación con el otro, con los objetos, con el paisaje. Muchas personas las utilizan como un juguete sin darse cuenta de las implicaciones de su uso en ciertos contextos, en especial el caso de Haití y el hospital en la República Dominicana. Es posible que una persona piense que es un sujeto moral, que esté haciendo algo importante y una labor humanitaria. Pero, de repente, por acercarse al otro con la cámara y representarlo de cierta manera, en ese momento se le destruye su sujeto moral y tiene que reconstruirlo desde las ruinas. Esto es sumamente interesante e importante y, me parece, es lo que le pasó a los médicos. Incluso los soldados que les prestaron sus armas para llevarse un recuerdo bastante infantil de su experiencia perdieron sus puesto y su trabajo, otro aspecto que debería ocasionarles muchísima vergüenza a los médicos.

    La foto del médico sonriente con la sierra en la mano y un paciente en el cuarto es un ejemplo de esta confusión. Si él no sonriera, mantuviera su enfoque serio en el paciente y la foto tuviera un título como “Médicos puertorriqueños salvan vidas” o algo así, y esa foto se incluyera en una selección de fotos similares a ésta como documentación periodística de un viaje, lo más probable es que no tendríamos esta discusión.

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  2. Gracias por sus comentarios, Luis. Respondo aquí a algunos de sus aclaraciones.

    Entiendo su punto sobre cómo la posesión masiva de aparatos fotográficos es un fenómeno (relativamente) reciente. Sin embargo, estamos hablando de doctores que tienen (presuntamente) una capacidad adquisitiva superior a la de poblaciones subalternas y que, por lo tanto, han tenido más experiencia en el uso de una cámara fotográfica. Esto no debe tomarse como que tienen el capital cultural para entender las complejidades morales del periodismo fotográfico o de la fotografía per se. Mas, entiendo que lo que se encuentra manifestado en este evento es el colapso de la ética médica de nuestro país. Analizando un poco más allá del espectáculo mediático, esta insensibilidad hacia el "Otro" por parte de los médicos no es nada nuevo en nuestra sociedad. Somos muchos los que hemos pasado por las manos de médicos con falta de compromiso; hay un colapso del juramento hipocrático en la clase médica.

    Por ello, lo que ocurrió en Haití no es un caso aislado, ni solo una confusión de género fotográfico. El hecho de que estos médicos hayan acudido a Haití a prestar su servicio a una población con gran necesidad no necesariamente significa que su intención esté fundada en un compromiso ético/moral hacia el "Otro". En este caso, lo que me llama la atención no es la intención del fotógrafo o de los sujetos fotografiados - difícilmente tenemos acceso a la intención - sino la fotografía como producto cultural y el intercambio representativo de lo que se observa: lo contencioso del ir y venir en la cultura.

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  3. Gracias Iván por el comentario y aquí mi respuesta.

    Creo que es muy difícil proponerse ir de voluntario a una zona devastada por terremotos como el que sufrió Haití. Equivale a ir a un lugar donde uno se va a tener que enfrentar al dolor humano en sus máximas expresiones. De hecho, si médicos puertorriqueños fueron a Haití, a la ciudad de Port-Au-Prince, tenían que saber que la ciudad iba a estar llena de muertos y con un terrible olor a carne humana descompuesta. Iban entonces a condiciones terribles. Proponerse ir a estos lugares no es nada fácil (hay fotógrafos profesionales que conscientemente no van a países que han sufrido desastres de alta magnitud en el momento en que ocurren, sino que esperan unas semanas). Incluso las condiciones en la República hubiesen sido difíciles por el número de pacientes que había allí.

    En este sentido, no estoy de acuerdo que alguien que vaya como voluntario a estos desastres lo haga en un vacío moral o ético. Si tenían algún prejuicio consciente en contra de los haitianos, no hubiesen ido. En varias reacciones que he leído sobre estas fotos, se toman posicionamientos extremos, como por ejemplo, que estas fotos son una manifestación del boricuismo, o la clase media, o los valores del consumo americano, o hasta Disneyland (como dijo Rodríguez Juliá). Todo esto me parece absurdo. Este grupo de médicos fue culpable, pero ellos no hablan ni por mí, ni por todos los médicos, ni por todos los puertorriqueños. Además, muchos puertorriqueños (incluidos nosotros dos) reaccionamos negativamente ante las fotos. Esto puede pasar en cualquier país, con las mismas reacciones y los mismos debates.

    Ahora bien, es cierto que lo que hicieron con las cámaras fue desafortunado y absolutamente equivocado. En esto estamos de acuerdo. Estos médicos no fueron profesionales del todo. Fallaron en mantener el respeto y la seriedad que requería el contexto donde estaban. Son culpables también de haber utilizado la cámara inapropiadamente, creando representaciones de la relación entre el enfermo y el médico que se salieron de una documentación seria de su viaje, lo cual estoy casi seguro que era una de las motivaciones de la presencia y uso de las cámaras. ¿Consideraron en esos momentos al Otro como un inferior? Si, pero no de una manera clara y absoluta. No los respetaron pero los curaron, ¿no? Fallaron en cuanto a su representación misma como profesionales y también a su oficio de médico, pero no fallaron a la hora de curar. ¿Entonces dónde nos quedamos? ¿Debemos condenar la ética de los médicos, o ver lo que pasó más como un hecho desafortunado que socavó EN PARTE su profesionalismo y dedicación?

    Si lo leo como una relación con el Otro, como tú lo haces, entonces tengo todas estas contradicciones que he mencionado: por un lado, ir de voluntario para asistir al otro, curar, salvar vidas, en un contexto de extrema dificultad; por otro, actuar como un tirista, perder la seriedad profesional, no respetar a los enfermos. El problema del Otro es entonces mucho más difícil de elucidar. Queda para mí en una especie de neblina. Los médicos debieron ser censurados por la profesión médica, pero no censurados a los niveles radicales que he visto en algunos escritos.

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  4. Ha traído un excelente punto en cuanto a la coexistencia de contradicciones en una lectura de las imágenes con relación al Otro. Sin embargo, debe subrayarse que esto no necesariamente significa que no podamos elucidar ese problema del Otro pues, precisamente, este problema del Otro pone en manifiesto la contingencia ética del que actúa. La agencia ética se presta para la existencia simultánea de lo correcto y lo incorrecto por la fluidez que hay entre ambos conceptos. Aquella fotografía que los doctores identificaban como documentación de su "excelente" labor, fue interpretada en el público como una acción irresponsable e insensible.

    Esto me lleva al punto sobre que, a pesar de las fallas éticas hacia el Otro, curaron a sus pacientes. La imagen de uno de los doctores con aspecto burlón (mirando hacia la cámara gesticulando con sus manos lo que descifro como: "¿qué se puede hacer?") sobre un féretro deja mucho que desear sobre lo que los propios doctores significan en su trato a los pacientes. Hay una expresión de futilidad ante lo que se supone sea su misión allí: "venimos a ayudar/curar a los haitianos, pero no podemos, ¿qué se va a hacer? No importa lo que hagamos, ellos se van a morir. Oh well!"

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