Friday, April 13, 2012

Entre pichones: la antropofagia del espacio público


Andrew Beck.
¿Para qué aspiramos a configurar o contribuir a un espacio público? ¿Qué sucede cuando la mezquindad y la táctica de la presión pública coinciden en el efecto de invisibilizar y silenciar voces?

Los derechos a la libertad de expresión y la libertad de prensa se encuentran estrechamente entrelazados ya que no hay posibilidad de una prensa libre sin libre expresión, mientras que la libre expresión necesita de un medio por el cual canalizarse. En fin, no puede haber uno sin el otro. Al conglomerado de medios y espacios (revistas, periódicos, libros, reuniones, asambleas, etc.) se les fue conociendo como partes esenciales de la esfera pública, ese terreno de agencia para la discusión crítica y racional entre ciudadanos que contribuyen a formar e informar la política de un Estado y así generar opinión pública.[1] A esos efectos, la esfera pública cumple un rol de gran envergadura en los esfuerzos por producir política pública en un estado democrático. La producción de la opinión pública se configura, entonces, como proceso esencial en la articulación de una democracia.
En la medida que los espacios de discusión pública sean restringidos, atacados o eliminados, así que como quienes operan en ellos se vean amordazados, perseguidos o marginalizados, la posibilidad –y subrayo el condicional– de que la democracia se estructure comienza a desmoronarse. Esto me lleva a pensar en el ya no tan reciente caso de Diálogo y el enorme silencio que entumeció a tantas personas mucho antes del despido de facto de Marcos Pérez y la catacumba simbólica en la que se encuentra ahora el periódico. Pero, quisiera considerar esta vez el más reciente caso de “Hoy en las noticias”.

Primero, cabe mencionar cuál es la relación entre WRTU 89.7FM (Radio Universidad) y la Escuela de Comunicación de la Universidad de Puerto Rico. La emisora se creó el 8 de febrero de 1980 con el objetivo, entre tantos, de rebasar la banalidad de la radio comercial y presentarle al público radioescucha un contenido informativo y cultural nutrido por la diversidad. La Escuela de Comunicación utiliza las instalaciones de Radio Universidad como un laboratorio de formación periodística y técnica. Por ello, es vital que exista una estrecha relación entre el profesorado y el contenido que se crea en la estación como una forma de producir nuevos periodistas y técnicos en el campo mediático de la radio.

A tales efectos, surgió el programa “Hoy en las noticias” en 1988 cuyo propósito era reportar eventos y procesos locales e internacionales de relevancia sin dejar que mediaran las presiones del mercado noticioso o cualquier interés monetario. Dicho programa fungió como taller de formación para futuros periodistas y espacio de producción para el periodismo investigativo. Por ello sorprendió, y no de buena manera, cuando salió a relucir que la dirección de la Escuela de Comunicación canceló el programa.
John Johns, "Balmoral Forest Fire".
Los mecanismos empleados por las estructuras administrativas de la Escuela cumplieron su propósito en des-sintonizar a dicho programa de hard news de Radio Universidad. Cancelado de golpe y porrazo, pues no medió debate alguno entre la docencia de la facultad, la dirección de la Escuela impuso la creación de un nuevo programa de periodismo investigativo. Peor aún, se ejecutó la orden sin tomar en consideración a todo el equipo de trabajo que laboraba en el programa cancelado: periodistas, locutores, productores y estudiantes (subgraduados y graduados). Ni siquiera medió posibilidad de mejoramiento o modificación; la continuación del noticiero no ocupaba la agenda de la dirección. El Dr. Eliseo Colón Zayas, como buen caudillo o hacendado, dispuso a mansalva como en los brutales tiempos de la cultura cañera. Para no irse muy lejos de esta cultura política, tiró cañona.
Max Oettli.

El "golpe de timón" radial no constituyó, en este caso, un cambio fundamental en cómo se operaba en dicha emisora. La desconexión de la dirección, así como la distancia entre algunos profesores de la Escuela y el trabajo intenso de producción que se lleva a cabo en la estación continúa. Para que un espacio público se “materialice” es fundamental que se edifique en torno a una comunidad de individuos que se sientan vinculados, identificados y comprometidos entre sí y con dicho espacio. Un espacio público sin comunidad pierde su razón de ser. La des-sintonización produjo un esparcimiento de la frágil comunidad que circulaba y atravesaba a “Hoy en las noticias”.

A esta maniobra autoritaria de algunos administradores se le suma, ahora, el silenciamiento sotto voce entre la comunidad letrada y radioescucha del trabajo que se produce en el nuevo programa, “Contrapunto”. Y es que quienes laboran en dicho programa, cual mano de obra forzada, han tenido que doblar el lomo y meterle mano a este nuevo proyecto, precisamente porque no cuentan con los espacios necesarios para incidir efectivamente en la toma de decisiones. No obstante, quienes se han indignado justamente por la mezquindad con la que ha operado la dirección de la Escuela y la estación radial, no se percatan que en el gesto por “boicotear” el nuevo programa late el pulso autoritario que margina, ignora e invisibiliza. Incluso, se pierde de perspectiva que quien realmente está detrás de dicho programa es, en esencia, el mismo equipo de trabajo que estaba en el cancelado programa de hard news.

Jane Zusters.
Ese grupo de periodistas, locutores, productores y estudiantes le han presentado al país una fabulosa propuesta que se acerca a lo contemporáneo con la minucia y agudeza de alguien que logra tomar distancia del ahora, sin necesariamente romper con él, para entonces mirar críticamente. Desde abordar la crisis alimentaria hasta los retos de encarar el narcotráfico, entre tantos otros temas, “Contrapunto” está logrando armar un espacio de discusión informada y racional que escasea en la radio local.

Los episodios, hasta la fecha, han sido un fascinante viaje de reportajes de profundidad y de investigación que por su complejidad y riqueza narrativa no tienen comparación alguna en la radio local. Siendo fieles a la idea de lo que debe ser el periodismo público –el esfuerzo por construir espacios de discusión y deliberación informada y crítica con vínculos a alguna comunidad–, quienes trabajan en “Contrapunto” le presentan al país temas de actualidad nutridos por un rico acercamiento multidisciplinario que pone en conversación diversidad de saberes. Sin embargo, la pugna pública y privada entre el profesorado y la dirección de la Escuela de Comunicación ha contribuido a que se ignore y se rechace prima facie el excelente trabajo realizado por su equipo de trabajo.

Me parece terrible el hecho de que se utilice como balón político un espacio de producción cuando se ignora y no se atiende a todas las personas envueltas en él. En el terreno público lo que se dirime es una pugna de quién tiene control de lo que se produce, mientras el trabajo inmaterial de estudiantes y periodistas es desatendido y echado a un lado por las partes en contención. Quienes se encargan de materializar un programa radial son situados a los márgenes y se les trata como goznes pertenecientes a la máquina que se pretende dirigir. La discusión pública y racional en torno al trabajo periodístico queda soterrada por un oleaje voraz que aniquila la propia posibilidad de un espacio público, de lo común y lo diferente

Así, quien sea que se beneficie del colapso de espacios públicos se sonroja ante la rigurosa erradicación de otro más. Mientras nos convencemos de que el martillo estaba en sus manos, no nos percatamos que rastros de la pólvora ensucian las nuestras.

El silencio que rodea a la producción de “Contrapunto” me hace pensar en el ya añejado, y un tanto distinto, enmudecimiento cuando se desmantelaba paulatina y sistemáticamente a Diálogo:
Pero, ¿dónde anda la intelectualidad isleña en torno a este asunto? Como si se tratara de un episodio comatoso, el silencio de sus teclas y la invisibilidad de sus labios se con-forman como coro para el aparente deceso del periódico. Mientras celebramos, con razón, el estreno de una nueva revista digital, nos continuamos olvidando de ese Otro espacio al que recurríamos para informarnos y debatir. No nos percatamos, quizás, de que hemos hecho un trueque y que en vez de aumentar los sitios para el intercambio de ideas seguimos operando en déficit.”
Ans Westra.
Lo que sale a relucir en este caso, me parece, es un horrible fragmento que forma parte de la cultura letrada en nuestro país: el autoritarismo con el que a diestra y siniestra se pretenden dirigir los escasos espacios de discusión pública con los que contamos; la cultura del cotilleo que fetichiza la destrucción del otro como único gesto político. En vez de constituir un terreno de encuentro entre lo común y lo diferente, una posibilidad para el entendimiento mutuo, el espacio público se torna en la puesta en escena de la degustación y el sometimiento. La diferencia es cena, una instancia más para el movimiento de nuestras quijadas en un extenso paladeo del Otro.

Len Wesney.
Se opta mejor por apostar a la ingobernabilidad, a que las cosas no funcionen hasta que ese "yo" abstracto tenga el sartén por el mango. Mas, tan pronto se tenga el "control", la ingobernabilidad retornará de las manos de quienes fueron removidos del mando. Mientras tanto, quienes operan al interior de estos espacios no se les toma en consideración y su labor es ninguneada por todas las partes. Así, se perpetúa el estercolero y se re-produce una cultura de la aniquilación, una antropofagia de la redundancia en la que el medio y el objetivo es la devoración del otro.




[1] Jürgen Habermas en Craig Calhoun, “The Public Sphere in the Field of Power”, Social Science History 34, no.3 (Fall 2010): 302.

No comments:

Post a Comment