Wednesday, September 12, 2012

Obedece o sufre

Imagen tomada de salonkritik
Si bien la atención de muchas y muchos, así como la de El Nuevo Día, ha estado dirigida a cómo Luis Fortuño y su campaña dejaron vencer su control sobre el dominio luisfortuno.com, no he visto comentario alguno sobre la apropiación del dolor ajeno, la mutilación corporal y la muerte como signos de una retórica autoritaria que se deleita ante las macabras maneras que se hace vivir/deja morir en Puerto Rico. 

No hace tanto, el PNP resignificó la imagen de dos jóvenes acusados como arquetipos creadores del pánico criminal. Ahora el PPD emula la estampida con un collage que explota cuerpos sin nombre y sujetos anónimos en un gesto que se siente tan seguro de su astucia, mas no se percata de su petulante arrogancia clasista y racista.

Para añadir sal a la herida, El Nuevo Día titula una nota con "Todo se vale en la guerra mediática" y reproduce la impresión de que cuando se trata de las elecciones no hay juicio ético que valga. Pero, ¿"en el amor y en la guerra todo se vale"? Fungiendo como medio de relaciones públicas y sin dar paso a lecturas que vayan contra el grano, el periódico contribuye a la pose que profundiza el pánico por medio de su espectacularización. Vale más hablar sobre cómo cogieron al PNP "durmiendo en las pajas" o sobre si tomarle el domain a tu opositor es un "juego sucio" que discutir críticamente el conjunto de imágenes en movimiento y lo que en ellas se representa. Intenta desviar la mirada para que no nos percatemos de cómo se desvela el PPD, como tantas veces ya lo ha hechocomo aparato aplanador y autoritario que desatiende reclamos de tantos grupos sociales para luego posar como sus defensores.

Asimismo, el vídeo es una expresión precisa y terrible de la necropolítica. Aquí no hay quiebre con las prácticas discursivas del PNP sino su reproducción y perpetuación. La política del miedo y de la muerte como ejemplo persisten en su hegemonía mediática. Así como el PNP explota el pánico al crimen para expandir los poderes policiales y acrecentar la consolidación de un estado policial, el PPD luce complacido con insertarse en esta corriente. Al elegir concientemente las imágenes que utilizarían en su ficticio anuncio de Luis Fortuño cabe preguntarse cuáles fueron los parámetros que mediaron en la selección. Y luego de escogidas las fotografías viene el proceso de montaje para aumentar el giro dramático que la música sugiere. 

Si un gran porcentaje de las muertes son fruto del narcotráfico, según estadísticas altamente sospechosas de políticos y de la Policía, y ha habido una extensa campaña por deshumanizar a estos muertos, ¿qué importa si se usan sus cuerpos innombrables? Se confía, pues, en que los muertos no pueden responder a la objetificación y a la comodificación de sus cuerpos como signos de una batalla electoral. Los vivos que los vemos somos sometidos a un enjambre simbólico que apela a nuestras emociones y busca producir/agudizar el terror. Las víctimas del crimen son empleadas y transfiguradas en agresores para revictimizar a los espectadores en un gesto que procura el sometimiento a los dictámenes electorales. La elección, nos quieren convencer, entre el PNP y el PPD es cuestión de vida o muerte y para ello es fundamental la instrumentalización de nuestra existencia.

En fin, obedece o sufre parece ser la máxima de los partidos mayoritarios de Puerto Rico.

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