Thursday, September 4, 2014

Crítica de la excomunicación

Quique Rivera. "Menuda Urbe." 2010.

A continuación ofrezco un conjunto de postulados breves y en ciernes referentes a la crítica según articulada en algunas calles y aceras de la "ciudad letrada" puertorriqueña (tanto allá como acá, lo que sea que eso significa). La ciudad letrada que imagino a continuación adquiere su materialidad en las redes de discurso que conectan y desconectan flujos, cuerpos, voces y silencios. Estas redes de discurso no están limitadas a las contadas revistas y periódicos que circulan en papel o en formato digital, pues además incluyen variadas prácticas en otros contornos. La crítica que aquí propongo es una crítica excomunicada que en su práctica aspira disolver los circuitos cerrados de la (i)legitimación de voces. Es una práctica iniciada desde y perpetuada por la excomunicación de voces a las que no se les permite decir. Por lo tanto, la crítica excomunicada ejecuta una persistente tensión entre rechazar su exilio, su destierro, y reafirmarlo. En fin, la crítica de la excomunicación es una línea de fuga o un movimiento inacabado que continuamente retorna a la ausencia generada por su partida; es un ejercicio sin fin y en continua rearticulación.

Aquel pensamiento que se fosiliza mediante la estructuración de unidades estables a las que se recurre en la movida por autorizar(se), no hace más que reforzar los aparatos de exclusión que pretende condenar. Un fantasma acecha a la ciudad letrada, el fantasma de un nacionalismo que no admite contingencias ni sutilezas sino que se interpone como dictamen de superioridad moral (y hasta heroica). La línea que se traza es absoluta y sólo lxs "nuestrxs", lxs que vuelven o se quedan, pueden hablar. El ejercicio de excomunicación opera sin obstrucción en el estamento de prácticas discursivas que se imaginan en oposición, pero que en efecto se co-constituyen.

1
Cuando la crítica silencia alguna práctica/voz y la acusa de complicidad, sin reconocer la suya, me pregunto cuál es el resultado político.

2
Se señala la práctica como mecanismo integrado de cierta maquinaria, sin identificar el diente que reproduce el diseño de proclamar "verdad".

3
La voz del padre, cual espejo de autoridad extrañada, señala la falla; proclama el imperativo de una rearticulación por el sendero de lo "correcto".

4
El método que se emplea es el de un eco que ocupa cada recoveco; no hay espacio para que el "otro" hable, sólo como transfiguración del crítico.

5
El círculo aprieta y se ajusta para recrudecer sus mecanismos de exclusión en la ley, en la tinta que desplaza y en la letra que lo acusa.

6
La crítica, según articulada, entonces clausura la autonomía del Otro y la subyuga a la voluntad de un saber que imagina su certidumbre.

7
La crítica que imagino no vislumbra consensos sino se emprende desde la excomunicación, como una voz proscrita y sentenciada al silencio.

8
Pero que en ese silencio forzado, al que le han negado su comunicación, reafirma su disenso examinando los protocolos que regulan participación.

9
Cuando la crítica se torna en doxa se despoja de su exterioridad y se torna en reestructuración del ordenamiento epistemológico.

10
Traza así los nuevos límites del régimen de verdad por los cuales se recrudecen los mecanismos de excomunicación.

11
El/La excomunicadx es producto del juicio ante la ley que sentencia su exterioridad de la comunidad; es nómada sin oasis.

12
Expulsadx, el/la excomunicadx no tiene espacio en la ley más que como espectro de un sujeto hecho ausencia al que le comunican: fin del mensaje.

13
En la excomunicación reside una transgresión originaria que justifica la remoción y exige la reafirmación de la ley.

14
La crítica excomunicada es, pues, un afuera producido en el interior; se reconoce como trazo de sentencia que a su vez desmantela protocolos.

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